19.3.09

ECLIPSE

Pero algo la detuvo en el camino. ¿Había alguien ahí? Un escalofrío de realidad la invadió. Miro ese ojo que la contemplaba sin parpadear. Luchó contra el impulso interno de ir a ver que más había allí. Detrás de esa franja, detrás de la verja, detrás de la pared, del mundo, de sí misma… Robó un último minuto de paz y se abandonó a sus músculos. Ciega, avanzó por el camino de piedra. Quien pudiera verla, caminando lentamente, no comprendería que pensamientos atroces transfiguraban el rostro de aquella adorable mujer. Un rayo de luz atravesó su faz. La luna la iluminaba. El desconcierto por semejante fenómeno la hizo delirar. Jamás en su vida permitiría que nada la alejara. Se dirigiría hasta allí, en trance, por mas que su vida dependiera de eso. Seguía hipnotizada por la luz, cada vez mas cerca. ¿Qué habría mas allá de eso? O mejor, ¿qué era eso? Intentó seis posibilidades, todas ellas perfectamente comprensibles y razonables. Intentó una séptima… No pudo. Luego de eso, fue el fin. Las otras seis cayeron, junto con sus zapatos. Sus medias de seda importada fueron deslizándose por sus piernas flacas (diría delgadas, pero su marido se había empeñado en incrustarle la piedra preciosa de la anorexia en el cerebro comprimido), demasiado raquíticas para aquél talle. Pronto sintió que nada mas importaba, todo era luz y esplendor. Se sintió como nunca se había sentido. Eso considerando que alguna vez había sentido, cosa falsa si las hay. Luego recordó la visita de Sally. ¿Qué hora era? ¿Llegaría a tiempo para abrirle la puerta? ¿Podría contarle la increíble experiencia que estaba viviendo? Todo perdía su peso, su importancia, en contraste con eso. ¿Eso? Si estaba en lo cierto, era un “eso” maravilloso, de otro mundo. Lo veía, en medio de la noche, desplegando un fulgor blanquecino. Era tan potente que podía conjeturarse que el sol había descendido a la tierra. De hecho, esa era la séptima opción. Pero dijimos que cayó. Cayó, minutos antes del fin. Minutos antes de que, lenta, pausadamente, sus alas tocaran el radiador.

2 comentarios:

  1. Antes que hambre de poesía hubo eclipse, un deslumbramiento que marcó un tiempo de cambio. Creo que a partir de esa cegadora luz vinieron cuentos mejores y desde entonces la escritora se instaló para siempre como parte vital de tu espíritu. Yo que te conozco muy muy bien, que he visto de cerca el camino que recorriste, estoy más que orgullosa y feliz por los logros conseguidos. Si este es el comienzo, me da escalofríos pensar en lo grandiosos que serám tus textos en el futuro...Éxitos! (Érica)

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  2. Muy emotivo Agostina. Me conmovio.
    Saludos

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