19.3.09

EL FANTASMA DE ALBERTI

Cuentan que nadie la vio. Luego la sangre que inundó los rieles no pudo negar la verdad. Moría allí la novia. La habían dejado plantada a metros de esa estación. Quién sabe cuantas veces había sucedido ya. Su cuerpo, enredado entre los rieles del subte, yacía sin vida. Su corazón sin embargo había muerto hacía ya mucho tiempo. El amor le faltaba, decían. Su novio la engañaba, la olvidaba, ya no la amaba. Ella insistía, porque el amor juvenil y febril es así: un mar de sinsentido que atraviesa los cuerpos y los hace fluir por el mundo sin control. Y ella había esperado en vano, horas y horas… y él no había aparecido. Cuentan que ni siquiera había ido a reconocer el cuerpo.
Sola, perdida…muerta. Su alma, que no había tenido felicidad en este mundo, tampoco la encontró en el otro.
La verdad de la historia de Carmen, porque así se llamaba, era que su novio, Joaquín, la había dejado plantada a metros de esa estación de subte. Perdida en llanto, rodeada por los habituales fantasmas que la atormentaban, decidió en un arrebato, tirarse a las vías justo cuando el último subte pasaba. Y allí murió. Pero no pudo descansar en paz.
Dicen que un día, muchos años después, Marcelo Ponce, estudiante vivaz de psicología, volvía cansado de una ardua jornada de lectura forzada del seminario III, tratando de hacer entrar en su cabeza requemada algo que pudiera reformular el ya tantas veces oído “un significante no significa nada”. El viaje a su casa era breve, pero, atrasado como estaba, ni siquiera lo desperdiciaba en trivialidades, y de ahí que se encontrara sentado, leyendo Lacan. Solo eventualmente levantaba la vista en las cercanías de cada estación, tratando así de evitar pasarse. Iba sentado en el primer asiento del primer vagón del subte de la línea A. Nada rondaba su mente mas que significantes desencadenados, retornos en lo real y esquemas lambda. Estaban llegando a las inmediaciones de una estación. Súbitamente levantó la vista. Un escalofrío recorrió su espalda. No sabía que era, trató de ver por la ventana pero estaba a oscuras. Todavía no habían llegado a la estación Alberti. Cuando las primeras luces aparecieron a lo lejos, sus ojos se encontraron con los de Carmen, parada en el andén.

1 comentario:

  1. Anónimo25.3.10

    yo vivo en la estesion de alberti y ma contaron barias historias de este extraño fantasma.......... PERO YO NO CREO ASTA BERLO.................JAJAJAJAJAJAJAJA .............. LA BRUJITA DE ALBERTI

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