12.4.09

Cruces

El lunes 23 de marzo de 2009 a las 8.30 de la mañana ingresa en el salón Lucila Ibáñez; lleva un conjunto llamativamente provocador. Camina un par de metros hasta el punto donde se cruza con Carmencita Torres, que lleva un peinado bastante atípico a su usual rodete comprimidor de sesos y piensa si quizá Carmencita habrá tenido una noche de sexo salvaje y lujuria. Sonriendo con sorna, y un poco de malicia, hace gesto de “no puede ser” (léase: mueve de derecha a izquierda la cabeza lentamente, con movimientos cortos y descendentes, de manera que al terminar tiene la pera casi rozándole la blusa blanca semitransparente) mientras pasa a su lado alguien. Lucila Ibáñez sigue caminando con paso elegante pero ligero y un par de metros más allá, al notar que le duele el brazo, gira la cabeza y mira hacia el lugar donde alguien (“seguramente una pasante”) está agachada recogiendo algo. Lucila nota que ha chocado con la importante columna de material y, con la vista hacia el techo, nota que hay una viga un poco peligrosa. Resuelve hacer la buena acción del día. Entra decidida a la oficina del gerente y cierra la puerta.

El lunes 23 de marzo de 2009 a las 7.15 de la mañana ingresa en la sala Carmencita Torres, con paso apurado, labios apretados y ceño fruncido. El rodete, intacto y perfecto, como todas las mañanas, le da un aire militar. Deja su cartera en el piso, al lado de su silla. Se dirige al baño, mientras observa cómo todos los cubículos están vacíos. Piensa: “irresponsables” (léase: levanta la ceja izquierda y la comisura derecha, mientras mueve la cabeza de izquierda a derecha, siempre a la misma altura, y finaliza el gesto cerrando los párpados y revoleando los ojos alternativamente). Entra en el baño de mujeres, se pinta los labios, se arquea las pestañas y sale. Entra en el baño de hombres, donde el gerente la está esperando. Sin siquiera mirarse, entran en un cubículo. A las 8.15 escucha pasos. Levanta la cabeza y mira al gerente justo dos minutos antes de que alguien abra la puerta y los choque. La persona sale corriendo, mientras el gerente grita algo sobre una reunión. Ella, enojada, le reclama que ese es el lugar donde se encuentra con todas (hace énfasis en esa palabra), y acomodándose la pollera y la blusa sale furiosa del baño, antes de que él logre decir alguna excusa mediocre. Con paso militar sigue caminando, mientras con una carilina se limpia los labios y el mentón. Llega a su cubículo, agarra unos papeles y sigue caminando. Se cruza con Lucila Ibáñez. Una vez en la cocina se pregunta que hace con esos papeles, y nota, en el reflejo de la pava, que tiene el pelo despeinado. Rápidamente vuelve a su cubículo, justo para encontrar a Lilia Montes hurgando en su cartera (la de Carmencita Torres). Gritando, llama al gerente, que sale de la oficina junto con Lucila Ibáñez, momento en que Carmencita Torres le grita: ¡hijodeputayosabía!

El lunes 23 de marzo de 2009 a las 8.10 de la mañana, ingresa al salón por la puerta de servicio Lilia Montes. Se lleva por delante varios tachos de basura llenos de papeles y, antes de que los de limpieza inicien el reclamo de todos los días de “¿por qué no entra por la puerta principal como el resto de los empleados?”, ella hace un gesto con la mano de “ya me encargo de todo”. Se agacha, se arremanga y, parada sobre sus zapatitos viejos de tacos inseguros, comienza a juntar los papeles. En eso una mano masculina la levanta del brazo y le dice que no se preocupe, que se vaya a trabajar y deje de hacer el ridículo. Mientras Lilia sigue caminando escucha que el otro dice “10 años haciendo lo mismo...”. Hace oídos sordos y se arregla la blusa mientras camina hacia el baño. Abre la puerta con la mano derecha, mientras sigue mirando al piso y recriminándose su actitud anterior. Con la misma mano derecha abre la puerta del primer cubículo que encuentra, pero está ocupado. Se da cuenta con horror que la cabeza del director está ahí, con lo que seguramente es el resto de su cuerpo. Sale corriendo mientras se reprocha no haber notado los mingitorios al entrar. El gerente le grita que más tarde pase por su oficina, que tiene algo importante que comunicarle. Ella, aterrada, le dice que sí, desde afuera. Llega a su cubículo y junta unos papeles que tiene que faxear. Para no llevarse a nadie por delante, espera a que pase Carmencita Torres, y va detrás de ella. Desde atrás observa que su peinado está raro. Piensa que quizá tuvo un accidente, como ella. Siente un gran cariño y respeto por Carmencita, siempre tan prolija y recta. Pensando en esto, en lo parecidas que son, en que podrían haber sido hermanas, en que le va a decir de almorzar juntas, se lleva por delante a Lucila Ibáñez. Con horror la mira, creyendo que le va a gritar. Y ya se está achicando para recibir el reto cuando nota que ella sigue caminando sin siquiera percibirla. Lilia se agacha a recoger los papeles, que se le cayeron en el choque, mientras ve que Lucila se detiene y gira la cabeza, mirándola. Lilia le hace un gesto de disculpas, hasta murmura (se ha quedado sin voz) “perdón...”, pero Lucila lleva los ojos al aire y se va derecho a la oficina del gerente, dando un portazo. “¡Ahora sí que la hice! Me van a echar...”, piensa Lilia, mientras se derrumba sobre, lo que luego se da cuenta, es la cartera de Carmencita Torres.

5 comentarios:

  1. Buenísimo. Entretenido, simpático e inteligente. Pude ver con claridad a todos los personajes, como en una película. Me encanta la frescura con que te expresás y admiro tu habilidad para convertir una situación simple en un texto trascendente.

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  2. y cada una con su cruz...
    un genial tríptico sobre las subjetividades cotidianas...
    muy bueno!!!!

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  3. Muy interesante. Comparto que tu poder de descripcion es muy bueno (lease: descripción a secas)Me quedo con Carmencita Torres, tan ambiguaymosquitamuertalapobre....y es que tambien la pude ver! No pierdes el vértigo de la narración. En suma tu eres de las que escribe condensado pero muy cargado ( salió con rima...ja!), eso para nuestros propósitos es muy bueno.

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  4. Agos gracias por tu comentario. Ahí estoy leyendo esto último que escribiste.Disfrutando al mismo tiempo de Billie Holiday.
    Beso grande

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  5. jajaja!!!buenísimo. Cada versión está ensamblada muy bien. Tu cuento me divirtió mucho.
    Besos
    Cris
    pda. gracias por tu comentario.

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